Por: Salvador Hurtado
Para nada han cambiado el contenido de las mañaneras, es reiterativo el discurso de su antecesor en el mismo tenor; corruptos, clasistas, hipócritas…, no es una canción de Paquita la del Barrio: es la presidenta de México de origen Judío insultando a todos aquellos ciudadanos, mujeres y hombres, que quieren manifestar una opinión distinta a la suya, las descalificaciones una y otra vez en contra de sus contrincantes.
El sistema en parte se atiene al fanatismo político de miles de ingenuos y al de otros que no lo son tanto, pero son personajes públicos conocidos que se alimentan a menudo de la desinformación provocada desde el pulpito de palacio nacional como si quisieran vender chile a Clemente Jacques con las réplicas elegidas que publican en sus redes. Falsos testimonios o interpretaciones erróneas de eventos pueden surgir como resultado de una ideología política que prioriza la lealtad a una persona o grupo sobre la verdad objetiva. En este contexto, alguien extraño a su credo que ha hecho contribuciones genuinas a su comunidad puede ser retratado como un villano o un traidor, simplemente por no alinearse con las creencias del grupo manipulador.
Este tipo de aseveraciones debilitan la confianza en las instituciones y al discurso democrático, cuando la verdad y la realidad se convierten en víctimas del fanatismo, es la sociedad en su conjunto la que paga el precio.
Por increíble que lo parezca, el fanatismo político, social, religioso y cultural que la presidenta de la república despierta en la población llega, incluso, a no pocos intelectuales como el rijoso Epigmenio Ibarra y el desabrido Damián Alcázar el cual para acabarla de amolar es de Michoacán, por mencionar solo dos. En el corazón, las neuronas, el hígado y la lógica presidencial únicamente están en ese grupo de intelectuales que no se cansan de presumir que están y se la juegan a su lado, en tanto ahora excluyen según a los doctos conservadores al servicio de otras tribus.
Inaudito cuando se atreven a increpar a los cuatro vientos sin el menor decoro de quienes los conocen, chaleco puesto con las siglas del movimiento de regeneración y apuntando con el dedo según a los anteriores dueños del poder presidencial y aunque en su momento casi todos ocuparon Gubernaturas, Secretarias, diputaciones y otros puestos relevantes dentro del equipo que ahora critican.
Estos sufren demencia o de plano les vale una chingada el que hayan recibido grandes tajadas y bastante poder, todo el país sabe que muchos de los que ahora forman parte del primer equipo o que se pavonean en las cámaras legislativas, vistieron la casaca con etiqueta de otros partidos, ejemplos muchos, antes se faroleaban con sus entrañables compañeros de partido, casi casi hermanos, ahora ni el saludo les dan.
Hoy no pierden la oportunidad de mostrar que son los principales fanáticos. Aquellos que tienen idealizado al “alfa” dueño según ellos del partido y del país. Piensan que están de rodillas frente a un hombre histórico de esos que aparecen una vez por siglo. El adalid así se los hace sentir. Ellos se sienten parte de ese movimiento histórico que llevará a la manada a un mundo paradisiaco. Estos fanáticos como muchos otros más están dispuestos a dar la vida por su falso mecías. Nunca se cuestionan si el “macho alfa” tiene o no la razón. Lo siguen ciegamente porque a si les conviene a los muy cabrones.


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