Por: Salvador Hurtado
El hijo “desobediente” fue Ángel Alfredo Díaz Ordaz Borja, conocido como Alfredo, quien se rebeló contra la formalidad de su influyente padre, pues fue nada más y nada menos, el presidente de México, interesándose por la música rock, la psicodelia y formando grupos musicales, además de organizar fiestas legendarias en Los Pinos con estrellas como Jim Morrison, lo que contrastaba fuertemente con la imagen presidencial autoritaria de su padre.
Uno de los presidentes más desdeñados en la historia de México es Gustavo Díaz Ordaz, al cual se le atribuye la tragedia del 2 de octubre de 1968 y una prohibición casi irracional a muchos movimientos además de géneros musicales que eran considerados “del diablo”, como el rock, cosa irónica teniendo en cuenta al hijo. Y es que Díaz Ordaz no esperaba que su retoño Alfredo no sólo fuera un fiel seguidor de este género sino que fue un tipo bien macizo.
De lo más escrito del joven Díaz Ordaz, fue sobre el episodio que vivió por la visita a México de The Doors, siendo opacada por el impedimento de tocar en un gran escenario. Los liderados por Jim Morrison tuvieron que conformarse con cuatro presentaciones en un club privado con capacidad para mil personas y ante un público que no era el suyo. En un inicio, los planes eran diferentes para la agrupación completada por Ray Manzarek, Robby Krieger y John Densmore. Esto debido a que se tenían previstas cinco fechas en la Plaza de Toros México, con capacidad para 40 mil personas. El promotor de esta idea fue Mario Olmos, un decorador de interiores que quería producir los conciertos, pero no se llevó a cabo. El mandatario federal prohibió los conciertos por los antecedentes de lo ocurrido en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco.
Esta serie de factores contraproducentes estuvieron presentes desde la llegada de The Doors a tierras nacionales. Según el periodista Jerry Hopkins en la edición de agosto de 1969 de la revista Rolling Stone, los medios mexicanos no reconocieron a Jim Morrison cuando llegó al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, esto debido a su barba desaliñada y por una complexión física más gruesa en comparación de sus primeros años en la música.
Sin embargo, las presentaciones siguieron en pie y el lugar destinado fue el salón de conciertos Fórum, ubicado en la colonia Del Valle, en donde ofrecieron cuatro presentaciones del 27 al 30 de junio del 69: “Fue un lugar poco propicio para ellos, porque era un centro nocturno que era para gente más muy adulta, no era para jóvenes y era un lugar pequeño”, dijo el historiador de rock Federico Rubli en la emisión de Canal 11. Los boletos para ingresar al lugar tuvieron un costo de 700 pesos de entonces, una gran diferencia en comparación de los 5 a 12 pesos que hubieran costado en la Plaza de Toros. Debido a estas circunstancias, la prensa definió a los asistentes como “juniors”.
La noche que Jim Morrison conoció a Díaz Ordaz en una de las presentaciones, el periodista Fernando Rivera Calderón cuenta que Alfredo y Morrison fumaron marihuana en la residencia oficial de Los Pinos, antes de ser descubiertos por el presidente a media “fiesta”, razón por la cual pidió una explicación a su hijo y después sacó de la casa a los rockeros.
Son varios los relatos coincidentes siendo la más conocida sobre la reciprocidad del infante Díaz Ordaz con la música que lo involucro a una de las bandas de rock más icónicas del mundo,: The Doors , liderada por el siempre excesivo Jim Morrison, y que en su visita a México tuvo el “placer” de conocer al entonces presidente mexicano y a su más joven heredero, aunque no de la mejor manera. Algunos reporteros de la farándula, aseguran que durante su estancia en la Ciudad de México, Morrison se vio obligado a cancelar un concierto debido a los desmanes provocados por un grupo de jóvenes Juniors en uno de los recitales exclusivos que dieron; entre esos se encontraba Alfredo Díaz Ordaz.
El joven rockero para disculparse invitó al “Rey Lagarto” y al resto de la banda nada más ni nada menos que a la residencia oficial de Los Pinos para una reventón privado, en donde la principal forma de convivencia involucraba el consumo de marihuana, situación que fue descubierta por el mandatario, obligándolo a echar a Morrison, por lo que nunca volvieron a México. Díaz Ordaz el chamaco convivió con el cantante durante su estancia en México, pues las icónicas fotos que tiene en lugares de la capital, como Teotihuacán y Chapultepec, fueron tomadas por él.
Años más tarde y cuando Alfredo había dejado su etapa de rebelde en el pasado, decidió dedicarse a la industria musical, pero esta vez como productor, período donde conoció a la que sería el amor de su vida: Thalía. La famosa actriz y cantante mexicana, esta fue impulsada por Díaz Ordaz en su carrera como solista después de separarse de la banda juvenil Timbiriche e incluso logrando colocarla en el estrellato total, al protagonizar la trilogía de las Marías en la televisión mexicana. Incluso tuvieron planes de boda, pero al no tener la aprobación de la familia de Alfredo y la del mandatario, nunca se llevó a cabo y la muerte de Alfredo por hepatitis en 1993 terminó por hacerlo imposible.


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