Por Héctor Torres
El reciente boletín del Comité Ejecutivo Estatal de Morena, encabezado por Jesús Mora, lanza un mensaje triunfalista: el 33.6% de la intención de voto asegura la continuidad de la “transformación” en Michoacán. Sin embargo, en política —como en las carnitas— el diablo está en los detalles del plato.
La brecha entre el 33% y el 66%
El dirigente afirma que “el pueblo está hablando con claridad”. Siendo estrictos con la lógica, si Morena ostenta el 33.6% de apoyo, hay un 66.4% de michoacanos que no están convencidos, que dudan o que simplemente se sienten abandonados por el modelo actual. Presentar una minoría relativa como un “triunfo del pueblo” es, por decir lo menos, una audacia matemática.
Seguridad: Los datos que el boletín no menciona
Jesús Mora destaca una “recuperación de la paz” bajo la administración de Alfredo Ramírez Bedolla. Pero los datos duros de fuentes fidedignas cuentan una historia distinta:
* El estigma de Uruapan: Según la ENSU de INEGI, Uruapan sigue peleando los primeros puestos nacionales en percepción de inseguridad (88.7%). La paz no se siente en las calles, aunque se presuma en las gráficas.
* La mutación del delito: Si bien el homicidio doloso ha mostrado bajas estadísticas, la extorsión al sector limonero y agrícola en Tierra Caliente y la presencia de drones con explosivos en zonas en conflicto son realidades que el boletín omite por completo.
¿Continuidad o estancamiento?
El oficialismo tacha a la oposición de “modelo agotado”, pero evita mencionar que, tras años de gobierno actual, Michoacán sigue lidiando con el desplazamiento forzado y una dependencia crítica de las remesas para sostener la economía local.
¿Qué está en juego realmente? No es solo la permanencia de un partido, sino la capacidad de reconocer que la “estabilidad financiera” de la que hablan no llega al bolsillo del ciudadano que paga “cuota” para poder trabajar.
La encuesta de Morena es una fotografía del momento político, pero la realidad de Michoacán es una película de suspenso que el 33% de apoyo no alcanza a resolver. La verdad, como bien sabemos en esta tierra, no se decide en un comunicado, se decide en la seguridad de salir a la calle sin miedo.


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